Quizás nuestras viejas heridas nos enseñen algo. Nos
recuerdan dónde hemos estado, y qué hemos superado. Nos enseñan lecciones de
qué evitar en el futuro. Eso es lo que nos gusta pensar. Pero así no es como
es, ¿verdad? Algunas cosas tenemos que aprenderlas una, otra, y otra vez...
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